Cuando hablamos de banca ética, la primera reacción del interlocutor suele ser de incredulidad total. En el mejor de los casos te responden con cara de asombro: ¿“eso” existe?, ¿es posible?
Desgraciadamente, la economía y sus finanzas parecen haber tomado un camino cada vez más lejos de la ética. La consecuencia la tenemos sobre nosotros: la crisis que, como muchos autores defienden, es antes una crisis de valores que una crisis económica. La brecha entre ética y economía es algo relativamente reciente. Adam Smith, en su “Teoría general de los sentimientos morales”, defendió que el interés propio debía estar orientado por virtudes como la humanidad, la justicia, la simpatía y la generosidad.